La farsa de la No-violencia.
De las revoluciones de colores al renacer del fascismo.
Jeison Rondón.
IV- Objetivo, Rusia.
Casi todas estas revoluciones se dan en el marco de la
Europa oriental (excepto la revolución del
cedro en Líbano, de 2005, de la que nos referiremos en otra ocasión). En
países muy bien definidos, de cultura mayoritaria, o muy fuertemente eslava,
que habían pertenecido al antiguo campo socialista y que manteniéndose con
cierto vaivén de posturas, marchaban inexorables en la órbita política de
Rusia.
En esos momentos de inicios del siglo, poco se podía percibir de la
venidera ofensiva occidental en contra de Rusia, la guerra fría era un recuerdo
del pasado lejano y los atentados del 11 de septiembre de 2001 anunciaban la “guerra
contra el terror”. Mientras el mundo observaba al aparato militar-industrial de
EE.UU. aplastar a dos empobrecidos
países como Afganistán e Irak, pocos analistas prestaban atención a lo
que acontecía en forma de “revoluciones pacíficas”
en el este europeo.
La administración Bush
anuncia desde el Departamento de Estado el proyecto del “Nuevo Gran Medio
Oriente” un redibujo de las fronteras del mundo árabe y musulmán en beneficio
de Washington. Pero la primera encargada de ejecutar dicho plan parecía no ser
el cuadro más idóneo, la secretaria de estado Condoleezza Rice, que si bien
surgió del mundo de las grandes compañías petroleras, había sido formada de
manera integral, incluido conocimientos del idioma ruso, para actuar en la
lucha contra la antigua Unión Soviética. Para muchos un anacronismo patente.
Sin embargo EE.UU. estaba al
tanto de los siguientes cambios en Moscú con el ascenso en 1999 de Vladimir
Putin, ex agente de la KGB, a la presidencia de Rusia. El nuevo gobierno
pretende desde un primer instante dejar el inmovilismo internacional de la era
Yeltsin a favor de redimensionar al país como potencia mundial. Norteamérica necesitada
de mercados y materias primas, no puede ver tal intención con buenos ojos. Se
plantea intervenir en contra de Rusia, ¿pero cómo?
Sin duda, para debilitar a
Rusia y doblegar su postura es necesario dominar a sus vecinos para crear un
cerco político y económico, pues la nueva Rusia capitalista esta tan necesitada
de mercados como cualquiera de sus contrapartes occidentales; el aislamiento es
pues, la clave para derrotar al gigante eslavo. Pero una intervención clásica
en dichos países de las ex URSS causaría la inmediata actuación militar rusa, como fue el caso de la guerra civil
en Georgia de 1990 a 1993. Era necesario otro método, y Gene Sharp y la red de
fundaciones y organismos no gubernamentales de Estados Unidos tenían la
solución, no en balde la receta de la no violencia ya había sido utilizada
contra el moribundo Pacto de Varsovia.
El primer objetivo, la Serbia
de Milósevic, parecía un objeto de pruebas idóneo, un gobierno pro-ruso lo
suficientemente alejado de Rusia y con una pésima reputación fabricada por los
medios de información al servicio de la OTAN. Dos fueron los instrumentos
elegidos, el LDK (Ejército de Liberación de Kosovo, vinculado posteriormente a
Al Qaeda) de Ibrahim Rugova en la separatista Kosovo, quien por la guerra
resulto inútil para Washington, y el Otpor de Popovic en la propia Serbia, este
último daría el golpe decisivo en el corazón del país. Todo se dio con especial
efectividad y derrocado el gobierno el proceso de “balcanización” de Yugoslavia
pudo seguir hasta la total desaparición de la misma.
El rapidísimo éxito en
Serbia dio pie a la implantación del método Sharp en otros países. Georgia y
Ucrania se transforman rápidamente en aliados incondicionales de la OTAN,
tomando posiciones llanamente hostiles hacia Rusia. Moscú siente la amenaza y
moviliza a sus servicios de inteligencia en toda la ex URSS. Pero poco puede
hacer ante la propagación de lo que el gobierno ruso llamó la “peste naranja”.
Al caer el gobierno de Kirguistán el anillo de bases militares rusas en los
países vecinos se ve seriamente perjudicado, pues Georgia inició su
desmantelamiento al año de la revolución y se esperaba que cada país que
se sume a la ola revolucionaria haga
lo mismo. Es de acotar que las bases rusas son reemplazadas por instalaciones
militares estadounidenses, creando un amenazador cerco militar alrededor de
Rusia, complementado posteriormente por los sistemas mísilisticos en Polonia y
República Checa.
En 2005 ya Putin mismo
figuraba como la próxima víctima de las revoluciones
teledirigidas, pero 2009 presenciaría el agotamiento de ese sistema de
intervención. En Moldavia se suscita la llamada “revolución Twitter”, la primera revuelta convocada por las redes
sociales con el fin de desconocer el triunfo del Partido Comunista Moldavo en
las parlamentarias. Se intentó detener el ascenso de un gobierno pro-Moscú,
pero la violencia desatada por los “pacíficos protestantes” que saquearon e
incendiaron el parlamento Moldavo, junto a sus públicas pretensiones de anexar
el país a la vecina Rumanía, fueron objeto de especial reseña por los nuevos
medios informativos de Rusia. El gobierno no cayó en la trampa de la no violencia lo que desató la cara
precisamente violenta del “pacifismo” pro yanqui.
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| Saqueo del parlamento de Moldavia durante la fallida "revolución Twitter". |
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| Actividad de los "Nashis" en Rusia. |




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