La farsa de la No-violencia.
De las revoluciones de colores al renacer del fascismo.
Jeison Rondón.
Unas de las principales lagunas
en la mitología de las revoluciones de colores la constituyen los hechos
posteriores a su triunfo.
Para dilucidar estas omisiones nada inocentes resulta
ilustrativo examinar los casos de los países hasta ahora abordados del área ex
soviética. Eso sí, cabe señalarse previamente que una de las principales
mentiras de la mass-mediática occidental fue la de presentar a todos estos
gobierno derrocados como un frente monolítico de tiránicos títeres de Moscú.
Nada más lejos de la realidad, todos estos gobiernos estuvieron en excelentes
términos con Estados Unidos (En Georgia Chevarnadze propone
el ingreso a la Otan, Ucrania siempre definió su política de cara a Europa
occidental, Kirguistán mantenía sus finanzas gracias a una base militar
alquilada a EE.UU), pero diversas crisis internas, económicas y políticas,
hacen que estos estados, o nunca se declaren abiertamente anti-rusos o cambien
posteriormente su posición hacia un acercamiento con el Kremlin.
Estas antiguas repúblicas del “socialismo real”
presenciaron el ascenso de nuevos
gobiernos que proclamaban la “democracia real”, curiosa democracia que bien
vale la pena analizar.
Estas democracias “reales” parecen simbolizarse por la inundación de
mercancía norteamericana en los mercados locales en perjuicio de otras
manufacturas. Y es que el primer paso de los nuevos gobiernos, la supeditación
económica al mercado norteamericano y europeo, demostró su carácter de empresas
neocoloniales. Estos países, a pesar de sus más de veinte años de
independencia, no han dejado de ser en
lo económico lo que han sido desde tiempo de los zares, meras provincias
exteriores de Rusia. El grueso de sus burguesías se formó en Moscú, ya sea
desde el viejo estado soviético en descomposición o desde los diversos círculos
mafiosos asociados al mismo. El alejamiento forzado de Rusia privó a estos
países de la principal fuente de sus relaciones económicas. En cuanto a Georgia
la decisión de cerrar el comercio con Rusia a favor de occidente llevó a la quiebra a gran parte de una nación
netamente agrícola, sin recursos mineros ni industria consolidada, cuyos
productos sólo eran solicitados por el mercado ruso. En todos los casos las
balanzas comerciales giraron drásticamente a favor del capital foráneo
desinflando las economías a paso acelerado.
Mención especial
requiere Ucrania, puente entre Europa y Rusia, cuya riqueza se basa en gran
parte en la reventa de gas del Cáucaso ruso a occidente. En dicho país los
campos se dividen entre una burguesía de Kiev, vinculada de manera mafiosa al
gas y al capital de la UE, y por otro lado la burguesía de las provincias
orientales, heredera de la tradicional potencia agrícola ucraniana y del gran
parque industrial de la época socialista; políticamente vacilante esta última
por su deseo de acercase a la esfera de negocios de Europa sin romper sus lazos
con Rusia. El carácter atlantista del gobierno naranja agudizó las
contradicciones minando la estabilidad gubernamental.
Ante esto las crisis no tardaron en aparecer y la
reacción popular se tornó en grave preocupación. Estos gobiernos compuestos por
arribistas podían ser víctimas de los mismos argumentos utilizados por ellos
mismos en contra de la antigua institucionalidad. Luego de que se había
movilizado a un sector de la población para desconocer la legalidad imperante
no se podía recurrir muy fácilmente al pretexto de la legitimidad del gobierno.
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| George W Bush y Mijaíl Saakashvili, presidente de la Georgia tras la "revolución" de las rosas. |
Pero el elemento que quizás haya dejado mayor marca en
estos países fue la explosión del odio étnico. En la Antigua Unión Soviética
convivían multitud de nacionalidades, lengua y culturas, que fueron alentadas a
movilizarse y mezclarse, así todas las ex-repúblicas poseen alguna población de
origen y lengua rusa, pero también armenios y lituanos, entre otros, se
movilizaron ampliamente diseminándose por toda la antigua URSS, a la vez que
los pueblos nómadas fueron reasignados a otras zonas para agruparse. Cada república
tomó para sí parte de ese rompecabezas étnico al independizarse. Las
revoluciones de colores significaron las guerras de Abjasia y Osetia del sur en
Georgia, y una cruentísima guerra civil sin final a la vista, entre Uzbekos y
Kirguises, en Kirguistán, a la vez que la siembra de la desconfianza hacia la
población ruso parlante en Ucrania.
La destrucción de
las unidad nacional en lo económico, en lo político y en lo étnico, la
imposición de poderes por sobre la instituciones legalmente constituidas que
juegan con el panorama político a su antojo sin ningún control ciudadano, y la pérdida
de soberanía en la relaciones exteriores, tal fue el saldo que tuvieron tan
cacareadas “revoluciones democráticas”.



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