La farsa de la No-violencia.
De las revoluciones de colores al renacer del fascismo.
Jeison Rondón.
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| Serdja Popovic, líder de Otpor-Canvas. |
III- De Serbia para el mundo: el negocio de las “revoluciones” a medida.
Luego del derrocamiento de Milósevic en 2000, la mediática mundial lanzó prolijos elogios a los “héroes de Belgrado”, a la revolución llevada a cabo, del renacer de la protesta estudiantil y su papel en el mundo moderno entre muchos otros.
Desde editoriales de prensa, libros, y hasta un film, “Bringing Down a Dictator” (“Como Derribar a un Dictador”), producido por un estadounidense, se creó toda una mitología sobré como un grupo de jóvenes, preocupados por la libertad y la democracia, y sin más recursos que la voluntad, derrocan a una indignante tiranía sin derramar una sola gota de sangre. El entonces presidente norteamericano George W. Bush inició una campaña contra las dictaduras, pero sin referirse a ningún gobierno en concreto.
Durante un periodo de dos años, demasiado para la memoria a corto plazo del gran público internacional, esa parte del mundo padece una extraña escasez de noticias, poco se sabe en el mundo del destino de Otpor y sus fundadores, de sus aventuras en el mundo de la corrupción administrativa. Serdja Popovic asumiría un tiempo la fachada de dueño del bar de moda en Belgrado. En realidad se gestaba una red internacional de entrenamiento y asesoramiento que se encargaría de exportar la experiencia Otpor (transformado en la fundación CANVAS; siglas en inglés de Centro para la Acción No Violenta y Estrategias Aplicadas), al resto de Europa del Este.
Es el instante en que el mundo es repentinamente bombardeado por los acontecimientos en Georgia, en noviembre de 2003, cuando la oposición desconoce las elecciones parlamentarias y tomas las calles en son de “no-violencia”, en cuestión de días caía el gobierno de Eduard Shevardnadze, ex ministro de relaciones exteriores soviético que dirigía la nación desde 1992.
Los hechos se suceden rápidamente, un año después el primer ministro ucraniano Viktor Yanukovych es desplazado del poder cuando la oposición y los observadores electorales desconocen su triunfo en las elecciones presidenciales de noviembre, obligando a su repetición que resulta favorable a la oposición. En 2005 el escenario se repite en la lejana Asía central, en la república de Kirguistán, tras el desconocimiento opositor de las elecciones parlamentarias de febrero y marzo, con el derrocamiento de Askar Akayev, líder del país desde el fin de la URSS.
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| Las "revoluciones de colores". |
Es este el momento en el que la caída continua de los gobiernos postsoviéticos en el área toma el matiz de fenómeno, se habla de las revoluciones de colores, revoluciones naranja (luego de Ucrania), revoluciones de terciopelo (recordando a Checoslovaquia), de las flores o revoluciones electorales, dado sus características comunes.
Todas estas revoluciones se centraron en algún evento electoral, que fue presentado como la salida del gobierno en cuestión. Se desarrollaron en todos los casos dos vertientes de campaña propagandística; una negativa, de denuncia a como dé lugar del gobierno existente; y otra positiva, de movilización del voto y de la observación electoral. Por un lado la salida del régimen vigente era la única propuesta electoral, se centraba todo en la confrontación y no en la proposición de programas propios que fueran más allá de los lugares comunes de lucha por libertad, la democracia y la institucionalidad. Por el otro se ofrecía un inusitado interés por movilizar al electorado y organizarlo para la vigilancia electoral, interés nada inocente, pues se centró en la movilización exclusiva de los sectores susceptibles de sumarse a la revolución, la clases medias en especial, y manteniendo siempre en el fondo la intención de declarar fraudulentas las elecciones. Paralelamente se desarrollaba una actividad de calle, concentraciones y marchas, de variado signo, unas a “favor de la democracia”, otras llamando a la desobediencia al estado, las cuales al ser reprimidas daban su típica repuesta no-violenta, captando de inmediato a la mediática local.
El día de las elecciones la oposición, basada en su red propia de observadores, especie de tribunal electoral paralelo, declara su triunfo sin esperar partes oficiales. El gobierno suele declararse ganador y la crisis no se hace esperar; en Ucrania se repitieron los comicios lo que dio el triunfo a la oposición con el 52% de un electorado convencido de la propaganda y con los seguidores del gobierno desmovilizados; en los otros casos las protestas masivas crean una alta conflictividad en medio de la cual las fuerzas del orden son abordadas con flores para luego ceder “espontáneamente” ante los manifestantes, quienes al entrar a los edificios gubernamentales disuelven el gobierno, colocándose la oposición en el mando de forma automática. Las otras características en común de estas “revoluciones” que no suelen mencionarse, son la rapidez con que ese movimiento de masas, que tomo calles y centros de gobierno, se disuelve para devolver el orden público a las fuerzas policiacas con las que se enfrentó, sin pedir ninguna garantía, y el unánime cambio de política exterior, hacia una línea meramente atlantista, luego de cada toma de poder.Los miembros de Otpor, junto a una pléyade de organizaciones no gubernamentales y fundaciones, monitorearon cada proceso, seleccionaron a los líderes y los financiaron, en ciertos casos, como el de Kirguistán, de manera muy descarada. Por cada “revolución”, se sumaban más asesores y colaboradores, georgianos, ucranianos, kirguises, se realizaron viajes y visitas guiadas a los lugares de gran confrontación, se expidieron becas y cursos internacionales. Nacía una internacional de la no-violencia con un objetivo muy claro a la vista.



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