22 claves para entender y combatir la guerra económica.
Luis Salas Rodríguez.
15-El término “pran” es de factura nacional y muy específico, pero la práctica que describe es universal y muy antigua, sobre todo si extendemos su uso fuera del recinto carcelario.
En lo que a la economía respecta, se ha abordado su estudio aunque con otros nombres. Marx se refiere a ellos en varias partes, pero especialmente en el capítulo XXIV del Tomo I de El capital cuando habla sobre la acumulación originaria. Veblen los llama “capitanes de la industria”. Sutherland “delincuentes de cuello blanco”, Braudel y Sombart simplemente “capitalistas”. Sin embargo, sorpresivamente, quien ofrece la definición más clara sobre el praneo económico es Adam Smith en el capítulo VIII de La riqueza de las naciones, un capítulo que no aparece sino hasta la tercera reedición de la misma, luego del nombramiento de Smith como comisario de Aduanas en 1778. En efecto, Smith estaba claro en que no siempre ocurre que al encontrarse los múltiples intereses individuales que coexisten en una sociedad el mercado los autorregula “como una mano invisible” que procura el bien colectivo. De hecho, lo más probable es que los más fuertes se impongan sobre los más débiles, en la medida en que aquellos son capaces de dictar las leyes, crear y manipular las condiciones del sistema. En este sentido –dice– esos “más fuertes” son los “promotores del sistema”, aquellos quienes bajo el lema “todo para nosotros, nada para los demás”, ven sus intereses “especialmente favorecidos” ante los cuales “se sacrifican” tanto los intereses de los consumidores como los de otros productores y comerciantes. A estos “promotores del sistema” es lo que aquí llamamos pranes económicos. Es decir, aquellos sujetos o grupos con la capacidad de imponer mediante la coacción, la intimidación, el terrorismo, el soborno, la corrupción, el secuestro y el expolio las reglas y condiciones del “juego”
económico de manera que terminen operando en su provecho. La diferencia entre estos y los pranes de nuestras cárceles es de estilo y al respecto de la impunidad con que operan, pero también, sin duda, son mucho más peligrosos. En resumen, los pranes carcelarios son tan solo la versión rústica de nuestros pranes económicos. En Venezuela el praneo económico es más conocido durante la última década. Su punto álgido se alcanzó entre finales de 2001 y principios de 2003, con los paros patronales contra las leyes habilitantes, el golpe de abril (que puso al jefe de Fedecámaras como presidente) y el sabotaje de los poderosísimos pranes de Pdvsa. Todos esos intentos fueron derrotados, pero a un alto costo. Aunque en estos años el praneo económico mutó, sumó nuevos actores y complicidades, la lógica sigue siendo la misma: cómo hacer para manipular e imponer a la mayoría, a la que consideran sus reos, condiciones para someterlos mejor al expolio. Como buenos pranes el argumento es: o se hacen las cosas como yo digo y aceptas someterte o provocaremos el caos y la barbarie.

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