La farsa de la No-violencia.
De las revoluciones de colores al renacer del fascismo.
Jeison Rondón.
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| Gene Sharp |
II- Gene Sharp: la no-violencia como arma estratégica.
Volvamos a 1989, mes de
junio, momentos del derrumbe del antiguo campo socialista y de gran tensión en
países como China. Allí el ciudadano norteamericano Gene Sharp es expulsado por
las autoridades dos semanas antes de iniciar la famosa revuelta de la plaza de
Tiananmen, en Beijing.
Sharp se define simplemente como un teórico de la no-violencia, interesado en el estudio
de la desobediencia civil y en la democratización de la sociedad. Dirige el Albert Einstein Institute, fundado por
él en 1983, en Boston, EE.UU, aparentemente una organización independiente y
sin ánimos de lucro. Lo volveremos a ver en Suecia, 1991, donde permanecerá
mientras los vecinos países bálticos proclaman su independencia de la URSS.
Es curioso en demasía que un
simple teórico, cuyo trabajo es soportado por donativos, coopte la atención de
grupos anticomunistas alrededor del mundo y que ya para febrero de 1990 logre
organizar una Conferencia Sobre las
Sanciones No violentas con participación de
185 especialistas de 16 países. En esta conferencia funge como la mayor
autoridad el Coronel de infantería del ejército estadounidense Robert “Bob”
Helvey, experto en operaciones encubiertas y ex decano de la Escuela de Formación de Agregados Militares de
Embajadas de Estados Unidos. Este ex combatiente de Vietnam, socio de Sharp, es
la prueba viva del compromiso de nuestro inofensivo teórico con el aparataje
de inteligencia e intervención de
Estados Unidos.
Desde los años cincuenta,
Gene Sharp se dedica al estudio de las tesis anarquistas de la desobediencia
civil y la no violencia, centrándose en las obras de Henry D. Thoreau,
norteamericano y el indio Mohandas K. Gandhi, el famoso Mahatma; ambos autores
sujetan la obediencia a las leyes y el orden civil a principios morales y
religiosos superiores a la sociedad política. Es indudable que los grandes
movimientos de protesta de las décadas del sesenta y el setenta hayan influido
mucho en su labor, pero no es hasta el año 1983 cuando se da renombre al crear
el Programa sobre las Sanciones No Violentas en el Centro de Asuntos
Internacionales de la Universidad de Harvard. Allí desarrolla la tesis de la
utilización de la desobediencia y la no-violencia en, por ejemplo, una
hipotética invasión de Europa occidental por parte de Moscú y sus aliados del
pacto de Varsovia. Este trabajo, paralelo a la fundación del AEI, atrae
atención, contando ya para 1987 con subvenciones del Instituto de Estados
Unidos por la Paz (U.S. Institute for Peace), organizando cursos para aliados
en lo que el entonces agregado militar francés en Washington llamó la “disuasión civil”. Es de ese modo que
la AEI se incluye en la red del intervencionismo imperialista. El Pentágono
esperaba poder delegar en una serie de ONG’s la ejecución de labores de
injerencia antes llevadas a cabo por aparatos clandestinos. Veremos a lo largo
de esta serie de articulos que es un instrumento de suma versatilidad que puede
derrocar gobiernos molestos a Washington, presionar a aliados díscolos e
infiltrar y desviar movimientos sociales genuinos, todo sin estar demasiado
lejos del brazo oculto del imperialismo yanqui.
La primera misión “oficial “del Instituto Albert Einstein
se realizará en Birmania en 1992. Para entonces ya Sharp posee un acumulado de
experiencia de lo ocurrido en la Europa oriental; el triunfo de Solidaridad en
Polonia, la revolución de terciopelo en Checoslovaquia, el derrumbe de la RDA,
el fusilamiento televisado de Ceaucescu en Rumania y el golpe de estado a
Gorbachov, frustrado por la salida de manifestantes a las calles de Moscú,
hechos todos en los que se sospecha la intervención de los aparatos secretos de
la CIA. Sharp sin duda estuvo al tanto de todo y tomó nota del surgir de nuevas
herramientas como las transmisiones noticiosas en vivo y directo. El país
asiático es gobernado por una brutal junta militar desde que, convenientemente,
manifestaciones no-violentas
debilitaron al gobierno anterior en 1988; la revuelta 8888, preludio de las revoluciones
de color. Helvey había sido precisamente
el agregado militar a la embajada de Rangún hasta 1985, participando en la
estructuración de la futura dictadura y sus contactos hacen entrar
clandestinamente a Sharp, por barco, al país. La misión del genio de la
no-violencia y su socio era doble, recordar a los militares birmanos su deuda
con Estados Unidos y debilitar el movimiento de oposición democrática dirigido
por la señora Aung San Suu Kyi, prisionera política de la junta militar. Esto
se logró con el desarrollo de un movimiento cívico de desobediencia, dirigido
por los consejos de Sharp; son las calles de Rangún las que ven salir la
primera edición, en inglés y birmano, del texto central de Sharp “De la dictadura a la democracia”,
libro, especie de recetario “revolucionario”,
que se convertirá en la biblia de las futuras revoluciones de colores. Paralelamente se da financiamiento y
armamento, coordinado por Helvey, a la guerrilla Karen. Un movimiento cívico
que divide a la oposición política y una guerrilla amaestrada que presiona al
gobierno en nombre de los intereses Norteamericanos, es esa la verdadera faz de
la no violencia.
Como se sabe la dictadura
birmana sigue en pie hasta el día de hoy, fuertemente condicionada por Estados
Unidos. Suu Kyi es liberada apenas en 2010. Helvey realizó, entre 1992 y 1998,
15 viajes a Birmania en los que reclutó miembros para el movimiento
conspirativo, coctel de pacifismo y subversión, que quedará latente hasta que,
desde la Casa Blanca, se decida la caducidad de la junta militar y la necesidad
de un nuevo rostro para el neocolonialismo en esa parte del mundo.


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