De corruptos y corruptores.
Jeison Rondón.
Articulo de Julio, 2014.
Se debe resaltar
la necesidad de direccionar políticamente la lucha anticorrupción, pues la
misma no es un problema que se resolverá
con simples medidas administrativas y judiciales. Se trata, por el contrario,
de la trama misma de las relaciones de poder, de la forma en que se realiza la
toma de decisiones sociales fundamentales, de como, en ese panorama, se abre
paso la democracia popular. Pero en algunos sectores la lucha anticorrupción se
abordado de manera pasional, en la figura
de ataques mordaces y defensas a ultranza. Se repiten una y mil veces
los nombres de los funcionarios acusados o sospechosos y la lista de sus
presuntos delitos. La política queda así
reducida a la farándula, en la que las personalidades y famas del momento
reemplazan a los temas centrales, los rumores al análisis y el hecho sonado marca el ritmo del debate.
Al centrarlo
todo en las individualidades, el hecho mismo del robo y el peculado de bienes
públicos se relativiza hasta el nivel de terminarse justificando. Se termina de
esa forma presentando a la corrupción como un hecho natural, inevitable,
eterno. Parece que el
problema no es el hecho de la corrupción sino que el corrupto se dejo
descubrir. Y es entonces que los revolucionarios y las revolucionarias debemos
dejar sentada nuestra posición y mostrar con resolución la forma correcta de
comprender la corrupción. Nada se hace discutiendo los casos aislados de la
corrupción si no se devela la maraña que tejen los intereses de la burguesía en
su defensa, y se señala a esta como al enemigo principal . Cada golpe certero
contra la corrupción, si es de verdad, es a su vez un paso fuera del capitalismo.
En primer lugar debemos acotar que en todo esto falta un elemento decisivo,
sin el cual no entendemos lo que pasa.
Siendo la corrupción delito, se supone que lo más lógico es investigar
profundamente, buscando como prioritario a los beneficiarios del crimen. Se
malversa dinero del Estado, ¿pero quién resulta beneficiado? ¿sólo los
directamente responsables? Difícil creerlo. En este combate de dimes y diretes
no aparece por ningún lado la figura del corruptor, del promotor y primer
interesado de la corrupción, el que emite sobornos, paga comisiones, amaña
licitaciones y contratos, el que financia campañas y eventos, solicitado luego
que se le pague con creces el favor dado. Tras todo esto se puede percibir el
poder que ejerce el dinero, la firma del empresariado mafioso y especulador, de
la burguesía que se beneficia como clase toda. ¿No son de la burguesía las
empresas privadas que se constituyen prácticamente en el único brazo ejecutor
de los proyectos públicos? ¿El dinero desviado no termina aportando intereses
en los bancos de la burguesía? ¿No terminan muchos funcionarios públicos
trabajando en el sector privado? ¿No es,
entonces, la burguesía la principal
beneficiada de la corrupción?
El develar esta unión carnal entre corruptos y burgueses nos lleva a la
primera conclusión real. La corrupción es la herramienta, el instrumento por
medio del cual la burguesía hace valer sus intereses, controlando, dirigiendo a
la política. Con la corrupción la burguesía establece tranquilamente su dominación
política, torciendo a su conveniencia la
toma de las decisiones finales sobre la vida social, sin aparecer como
responsable de las consecuencias. Así la democracia se vuelve una farsa; no
importa los cambios de personas o partidos, el poder del dinero se ejerce
anónimamente, institucionalizado, y buscando maneras, como hemos visto, de
justificarse. El interés burgués, el del lucro y la máxima ganancia dirige
políticas publicas; se ejecuta lo que resulta rentable ejecutar y se deja al
olvido las demandas del bien común. La sociedad
se torna una corporación mercantil más, y el Estado en la junta
administradora de los intereses de la burguesía en ella.
Cuando Maduro llama a luchar contra la corrupción, esta señalando a una de
las principales armas del enemigo, la que le da poder dentro del mismo Estado y
abre camino a sus ataques, como la guerra económica y el sabotaje. No es un
secreto que complicidades de todo tipo han estorbado la lucha del gobierno
contra la especulación y el acaparamiento, golpes fuertes, junto al sabotaje en
varios sectores de la vida nacional. Corrupción, guerra económica y sabotaje
son las tres puñaladas con las que se busca matar a la evolución bolivariana,
son la expresión concreta del capital en lucha contra el trabajo, tal debe ser
nuestra segunda conclusión.
Sabiendo esto, se debe reconocer que, fuera de los necesarios golpes a dar
en lo inmediato y del apoyo que debe darse en esta tarea al camarada
presidente, sólo superando al capitalismo se logrará eliminar a la corrupción
de raíz. Es totalmente ilusorio plantearse el fin de las practicas corruptas
sin salir del capitalismo. No vale dejarse engañar por cuentos de “democracias
avanzadas” con una “división de poderes funcional” y otras patrañas por el
estilo. La corrupción de los funcionarios es una realidad universal en el
capitalismo, sin importar lo avanzado que
este se encuentre en algunos países. Ciertamente no se puede comparar el
caso venezolano con la forma en que la corrupción se encuentra
institucionalizada en Estados Unidos, por ejemplo, donde ya cuesta distinguir
al Estado de las grandes corporaciones dueñas del poder económico, y en torno a
cuyos intereses se acometen la políticas de la gran potencia imperialista. Pero
no por eso dejar de ser el mismo fenómeno esencial; la crisis financiera que se
presencia desde 2007 a desnudado una serie de escandalosos casos, tanto en
Europa como en Estados Unidos, que nos demuestran que en el capitalismo no hay
posibilidad real de un manejo totalmente transparente del gobierno. Por demás
la corrupción es parte esencial del capitalismo rentista venezolano. Ya que es
por cuenta del Estado que entra la casi totalidad del ingreso nacional, la
apropiación mafiosa del erario público es la principal forma de acumulación de
capitales. Bajo el manto de la corrupción, de la complicidad del Estado con los
intereses de la burguesía, se formaron las grandes fortunas de Venezuela. Las
que hoy se mueven, abierta o encubiertamente, en contra de la revolución. La
corrupción, debemos decir como tercera conclusión, es intrínseca al
capitalismo, síntoma del dominio del capital sobre el trabajo; es también parte
de las trabas que atan a nuestra patria al pasado, tara congénita del rentismo
y el atraso colonial.
La última conclusión que podemos
sacar es que todo este flagelo tiene su base en la división, tajante, de
nuestro pueblo como sociedad civil y las instituciones de gobierno como
sociedad política. En el monopolio de la toma de decisiones por parte del
funcionariado del Estado, colocado por sobre todo el cuerpo social,
declarándose inmune a la lucha de las clases, cuando sabemos la facilidad con
que se tuerce en favor de los poderosos, y lo difícil que ha sido, para el
pueblo venezolano, crear las condiciones democráticas básicas para avanzar en
la construcción de su futuro. Sólo la Comuna Puede superar dicho estado de
cosas para “Hacer público lo
público” cómo dijo una vez un camarada
trabajador de la industria nacional, sistematizando nuestra meta; la conquista
soberana del gobierno y la administración por las más amplias mayorías.

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