Columna Prestes:
Control y descontrol de la economía (I)
Jeison Rondón.
El debate económico, tema caliente del acontecer nacional, ya ha hecho su esperada aparición en la tribuna de la Asamblea Nacional Constituyente. Resumiendo lo más importante se verifica el enfrentamiento entre dos opciones: la que propugna la liberalización, en pos del libre “juego” de los factores económicos, y la que tiende al fortalecimiento de los controles legales e institucionales.
Empecemos analizando la primera postura.
Lo primero que debe aclararse es que no existe tal cosa como una economía totalmente exenta de controles. El problema es ¿quién controla y para qué?
Quienes hablan de “levantar” los controles, lo que en realidad proponen es colocar las riendas de la economía en manos de la burguesía. Esto lo hacen con el ánimo de considerar que se debe “incentivar” la libre concurrencia de los “sectores productivos” sin interferencias políticas, lo que terminaría regularizando el hecho económico al poder moverse cada uno en pos de su interés particular, lo que se supone repercutiría en el bienestar general. Allí debemos acotar lo siguiente: -No existe la libre competencia y en el mercado no se da un encuentro de iguales: Los entes más débiles son absorbidos o subordinados y los grandes poderes empresariales pactan por el control de los mercados.
En Venezuela históricamente un puñado de carteles y oligopolios controlan las más importantes ramas industriales y comerciales. Estos conglomerados hacen uso del control que efectivamente poseen para poder obtener la mayor tasa de ganancias al menor coste posible. -Si alguna producción le interesa a estos “sectores productivos” es la de ganancias monetarias, no la de alimentos o medicinas. Estos sectores planifican la economía a favor del aumento incesante de su tasa de ganancias. La especulación es una herramienta habitual que permite realizar grandes dividendos con muy poco volumen de mercancías. -Estás ganancias se buscan realizar en divisas convertibles que permitan una participación en el mercado mundial, por lo cual la captación de dólares y su traslado a la banca internacional es la meta de toda entidad empresarial en Venezuela, muy mal se les puede “incentivar” a la producción otorgándoles de antemano lo que buscan como objetivo final. ¿Qué sentido pudiera tener para la cupular burguesa gastar dólares en la producción de bienes y servicios a venderse en bolívares? En todo caso la producción es un esfuerzo costoso, la línea de menor resistencia es la de especular con bienes importados. -Como la máxima ganancia es la única meta, la planificación que ejerce la cúpula empresarial no va muy lejos. Le tiene sin cuidado si una población necesita más que otra o si existen prioridades para la gente. Así llegamos al caos en que un mismo producto escasea en una parte del país y sobreabunda en otra, y que otros muchos no se consigan en los lugares mismos donde se producen. - El que los sectores empresariales persigan su interés particular (monetario) no implica para nada que coadyuven al bienestar general (alimentación, salud, seguridad y empleo, medio ambiente), incluso pueden, como muchos de ellos ya lo hacen, acelerar su enriquecimiento perjudicando la calidad de vida de las familias venezolanas y es que el bienestar social es mucho más que la suma de intereses egoístas. Estas razones, entre otras muchas, son las que nos han llevado a la actual situación de un país dependiente hasta el ridículo de las importaciones, con un parque industrial desvencijado en el que no se han visto grandes inversiones de capital en más de cuatro décadas.
El detalle está en tratar un problema eminentemente de producción como si se tratase solamente de un desajuste de la distribución. La raíz de todo el problema está en la producción, en como la burguesía la ha controlado, planificado y dirigido.

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